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Actualidad sobre Derecho y Montaña

La responsabilidad de la Estación de Esquí ante la insuficiencia de nieve para su uso.

El panorama actual en nuestras estaciones de esquí, con escasas nevadas y grandes periodos de buen tiempo, acompañado de temperaturas inusualmente altas para la época y lugar, hace que la temporada 2018/2019, presente uno de los peores balances desde que existen registros, siendo estas navidades y su mes de Diciembre climáticamente uno de los meses más secos del año en algunos sectores del Pirineo,

Por debajo de 1.600mts de altura, poca o ninguna nieve podemos encontrarnos, llegando a desaparecer en las zonas soleadas, siendo necesario recurrir a sistemas de innivación cuando las condiciones de temperatura lo permiten.

Este déficit de nieve hace que las estaciones de esquí deban extremar su obligación de mantener las zonas esquiables en unas condiciones óptimas de seguridad. El sistema de gestión de la explotación de una estación de esquí ha de contener previsiones acerca del espesor mínimo a partir del cual no se puede esquiar en condiciones seguras y de la señalización de las zonas (calvas, base de piedras, etc.) que, por tener un espesor insuficiente, suponen un peligro para el esquiador.

En general las pistas deben pisarse con la frecuencia e intensidad adecuadas para garantizar las mejores condiciones de utilización. Con anterioridad a su funcionamiento se han de realizar rutinas formalizadas, basadas en los trabajos de repaso necesarios según las condiciones de la pista así como un recorrido completo por la pista para comprobar el estado general de la misma, el balizamiento y señalización, reponiendo los elementos necesarios para asegurar su utilización segura por el cliente y eliminando los posibles elementos ajenos a la pista que hubieran podido dejar los clientes.

En consecuencia, la mercantil que explota una estación de esquí, de manera imperativa debe poner todos los medios necesarios y adecuados para evitar generar daños a los usuarios en la utilización del conjunto de remontes, pistas e instalaciones complementarias, debiendo considerar la naturaleza de la actividad que gestiona. Su personal de pista debe recorrer periódicamente las pistas para comprobar su estado, señalizar posibles zonas de poca nieve, colocar señales caídas…

Partiendo de la base de que la practica del deporte de esquí supone, per se, una actividad intrínsecamente peligrosa, se ha de convenir que resulta de aplicación la doctrina de la responsabilidad objetiva o por riesgo, operando una inversión de la carga de la prueba, imputable a la estación de esqui, en orden a acreditar la adopción de las debidas medidas de mantenimiento o señalización, tendentes a evitar la producción de resultados lesivos.

Como bien señala el Reglamento de Funcionamiento de las Estaciones de Esquí Españolas Reglamento –ATUDEM- , quien hace uso de una estación de esquí asume que tiene el conocimiento, la habilidad necesaria, material necesario y condiciones óptimas, para llevar a cabo la práctica del esquí, así como para embarcar, realizar el trayecto y desembarcar de forma segura de sus remontes mecánicos.

Asimismo, señala que el esquiador esquía bajo su responsabilidad asumiendo los riesgos inherentes del esquí, debiendo, en su práctica, respetar las normas que regulan dicha actividad, las reglas de conducta FIS, el reglamento de ATUDEM, las normas particulares de cada estación, las instrucciones de su personal acreditado, y cualquier otra que le sea de aplicación.

Ahora bien el contenido del Reglamento Atudem, puede tener fuerza vinculante para los Tribunales Civiles, cuando se trata con su redacción de regular las relaciones de régimen interno de la estaciones de esquí, conforme resulta de lo dispuesto en sus artículos 1 y 2, en cuanto a su ámbito de aplicación, pero en mi opinión, en modo alguno puede ser objeto de consideración cuando judicialmente se trata de determinar el grado de responsabilidad dimanante de la aplicación del Art 1.902 del código civil ” (CC) “El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado” que debe relacionarse con el artículo 1104 del Código Civil que dispone: “la culpa o negligencia del deudor consiste en la omisión de aquella diligencia que exija la naturaleza de la obligación y corresponda a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar”, habida cuenta que conforme al Art 1 CC, las fuentes del ordenamiento jurídico español son la ley, la costumbre y los principios generales del derecho, siendo la doctrina jurisprudencial complementaria del ordenamiento jurídico.

Las caídas, las colisiones, el daño…, en la práctica del esquí son previsibles, siendo reprochable que la estación incremente el riesgo propio de la actividad, debiendo por tanto eliminar, balizar o señalizar en el dominio esquiable, y más concretamente en zona de pistas, cualquier escollo que genere riesgo evidente de lesiones, no limitándose a señalizar ese obstáculo sino que es a la propia estación de esquí a la que le incumbe adoptar medidas de seguridad encaminadas a disminuir el riesgo de lesiones, y cuya omisión puede derivar en las consiguientes consecuencias lesivas en virtud de una actuación negligente de los responsables de la Estación, por culpa in vigilando.

Debe tenerse en cuenta que, un riesgo mayor conlleva un deber de previsión mayor por parte de quien lo crea o aumenta, es decir un mayor esfuerzo de previsión, adoptando las medidas necesarias, de tal manera que no hacerlo permite atribuir el resultado producido a la estación de esquí, y tener por existente el nexo causal tanto desde el punto de vista físico como desde el jurídico.

Tiene declarado el Tribunal Supremo en su Sentencia de 9 de abril de 2010  RC núm. 580/2006, entre otras, que corresponde a quien conoce el riesgo derivado de una actividad, en este caso la empresa que explota las pistas de esquí, tomar todas las medidas de seguridad que la prudencia impone para salvaguardar la integridad de los esquiadores, evitando en el recorrido, lugares o situaciones que presenten un riesgo particular para la seguridad de las personas, de manera que si el accidente se produce, no por la existencia de obstáculos no previstos sino por un riesgo que era perfectamente previsible, que pudo ser eliminado mediante una conducta diligente, constituye una obligación de la dirección de controlar este riesgo mediante la adopción de las medidas más favorables para todos.

Juanjo Aparicio.
Abogado especialista en accidentes de montaña.

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